Cuando el tesoro británico (HM Treasury) lanzó su consulta sobre la reforma de los impuestos al juego online, el resultado preferido en los círculos de iGaming fue la creación de un nuevo Impuesto Unificado sobre Apuestas y Juego Remoto (Remote Betting and Gaming Duty), que agruparía todos los productos de juego remoto bajo una única carga fiscal. La promesa era clara: mayor simplicidad administrativa y un marco regulatorio más alineado con la forma en que hoy los jugadores se mueven entre casinos, apuestas deportivas y otras verticales.
El Impuesto Unificado que Nunca Llegó a Materializarse
Para el momento en que las reformas se presentaron oficialmente en el presupuesto de noviembre de 2025, ese impuesto unificado no se materializó en la legislación.En su lugar, el gobierno optó por un modelo fiscal diferenciado.
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A partir del 1 de abril de 2026, el impuesto al juego remoto aumentará del 21 % al 40 %.
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Desde el 1 de abril de 2027, el impuesto a las apuestas online remotas pasará del 15 % al 25 %, aunque con exclusiones específicas. Las apuestas sobre carreras de caballos en el Reino Unido, por ejemplo, seguirán tributando bajo la estructura actual vinculada al gravamen del 15 %.
Sobre el papel, los cambios siguen cumpliendo el objetivo recaudatorio del gobierno, con una reforma que se proyecta genere más de 1.100 millones GBP al año para el período 2029–2030.
Sin embargo, en términos reales, esto supone un giro claro respecto de la promesa inicial de simplificación y convergencia. Lo que comenzó como una consulta orientada a un impuesto único ha terminado en un sistema escalonado que grava de manera distinta los productos de juego y refuerza la separación fiscal entre el casino online y las apuestas.
En la práctica, el período de consulta se cerró, el modelo unificado quedó descartado y el debate sobre los impuestos al juego en el Reino Unido pasó de la discusión a la acción.
De la Simplificación a la Segmentación
Lo que finalmente surgió del proceso de reforma de 2025 no fue la simplificación administrativa que se había prometido en un inicio, sino un cambio claro de rumbo en la forma en que ahora se grava el juego remoto. La lógica inicial de convergencia fue reemplazada por un modelo que vuelve a encasillar los productos en categorías fiscales bien definidas.
Bajo la estructura final anunciada en el presupuesto presentado en noviembre de 2025, el juego online de tipo casino se trata como una clase de riesgo distinta a las apuestas remotas, y se grava en consecuencia. No se trata de un ajuste meramente técnico sino que refleja un juicio político deliberado sobre dónde considera el gobierno que debe concentrarse ahora la presión financiera dentro del sector.
En términos oficiales, la decisión se justifica en función del daño. El gobierno señala que los productos de casino, en particular las tragamonedas online y los juegos de resultado instantáneo, presentan perfiles de riesgo más elevados y costos operativos más bajos en comparación con las apuestas remotas. Ese es el argumento que se utiliza para explicar el fuerte aumento del impuesto al juego remoto. Las apuestas, en cambio, siguen estando más estrechamente vinculadas al deporte, las carreras y los canales presenciales de larga trayectoria.
Existe además una dimensión política y regulatoria que no conviene pasar por alto. El propio Libro Blanco del gobierno sobre el juego —Apuestas de Alto Riesgo: Reforma del Juego para la Era Digital (2023)— estableció una agenda amplia para actualizar la regulación en línea con la era digital. Entre sus objetivos figuraban la protección del consumidor, la reducción de daños y la modernización de la regulación y la fiscalidad del juego frente a los nuevos riesgos introducidos por las plataformas online. El nuevo impuesto extiende esa lógica al ámbito fiscal, utilizando las tasas impositivas como una palanca adicional, en lugar de tratar el gravamen únicamente como una fuente tradicional de ingresos públicos.
En la práctica, esto marca un alejamiento claro de la convergencia. La reforma no unifica los productos bajo una única definición digital del juego, como se exploró durante la consulta a través de la propuesta —finalmente descartada— de un impuesto unificado. Por el contrario, los recategoriza de manera formal, imponiendo una carga más elevada al juego de tipo casino. Al hacerlo, reconfigura el núcleo comercial del mercado británico y sienta las bases para entender por qué el casino online, en particular, se convierte ahora en la vertical más afectada por el nuevo régimen fiscal.
Cuando la Economía del Casino ya no Funciona como Antes
La magnitud del cambio se vuelve evidente cuando pasa de los porcentajes a la realidad operativa. Un salto del 21 % al 40 % no solo reduce los márgenes, sino que modifica directamente la lógica sobre la que se diseña, se fija el precio y se mantiene el producto.
Para los operadores del Reino Unido, el aumento del impuesto reduce el margen entre lo que apuestan los jugadores, lo que se devuelve en premios y los costos de adquisición y gestión. En términos simples, la economía del juego entra de inmediato bajo presión. En consecuencia, una carga fiscal efectiva más alta reduce el margen para ofrecer RTP competitivos (el retorno promedio al jugador), limita el financiamiento de bonos y altera el equilibrio comercial entre contenido propio y proveedores externos. Esto hace que los compromisos tradicionales que durante años han definido la oferta de casino en el Reino Unido empiezan a modificarse.
Esa presión se sentirá con especial fuerza en las negociaciones con proveedores. Cuando el impuesto absorbe una porción mayor del ingreso bruto del juego, los operadores se ven obligados a revisar con más detalle los costos de contenido, en particular en títulos premium y acuerdos de reparto de ingresos (revshare). Y el efecto en cadena no se detiene en los operadores de casino, sino que se traslada hacia arriba, a toda la cadena de desarrollo y distribución.
Dicho esto, la capacidad de absorber este impacto no será pareja. Los grandes grupos de juego de primer nivel, con ingresos internacionales diversificados y presencia en el canal presencial, están mejor posicionados para ajustarse sin recortes inmediatos. Los operadores de nivel medio y las marcas desafiantes, en cambio, quedan mucho más expuestos. Más aún en el caso de aquellos cuya rentabilidad depende principalmente del casino online del Reino Unido, donde el margen de maniobra se reduce de forma considerable.
Por eso, la cifra del 40 % se ha convertido en el elemento central de la reforma. Vista desde esta perspectiva, no se trata solo de márgenes, sino de las implicaciones más amplias de cómo un aumento de costos redefine, en la práctica, lo que los operadores pueden ofrecer de manera realista a sus jugadores.
Las Apuestas No se Salvaron, pero el Impacto Fue Menor
El impacto no se limita al casino. A partir de abril de 2027, el impuesto a las apuestas remotas aumentará del 15 % al 25 %, incorporando también a los operadores de sportsbook a este proceso de reajuste. Para aquellos cuya facturación en el Reino Unido está fuertemente concentrada en apuestas deportivas, este cambio por sí solo ya reconfigura márgenes, estrategias de precios y gasto promocional.
Sin embargo, frente a una carga del 40 % sobre el casino online, las apuestas han recibido un trato claramente más moderado. La diferencia entre ambas tasas es lo suficientemente amplia como para reflejar algo más que una simple medida recaudatoria. Esa brecha marca una distinción política clara sobre cómo se perciben, se gravan y, en última instancia, se priorizan las distintas formas de juego remoto.
Las exclusiones específicas refuerzan aún más esa división. Las apuestas hípicas, históricamente vinculadas tanto al impuesto como a los sistemas de financiación por gravamen, se mantienen protegidas bajo su tasa actual. Lo mismo ocurre con las apuestas presenciales, que conservan su tratamiento vigente. Estas decisiones refuerzan el vínculo de las apuestas con el deporte, los locales presenciales y los mecanismos de financiación tradicionales, que el gobierno ha mostrado poca disposición a modificar.
En la práctica, esto crea un entorno fiscal de dos velocidades en el juego del Reino Unido. El casino asume la mayor carga impositiva, mientras que las apuestas también entran en un escenario de mayores costos, pero muy lejos del nivel de impuestos que ahora afecta al iGaming.
En conjunto, la estructura traza una línea clara entre “deporte” y “juego” en la forma en que se grava el sector. Y es sobre esa diferencia donde los operadores empiezan a replantear el equilibrio de sus productos, sus prioridades de inversión y su presencia a largo plazo en el mercado del Reino Unido.
Cómo Está Reaccionando el Mercado
Desde el anuncio, no se ha producido una salida inmediata y masiva del mercado, pero ya empiezan a registrarse los primeros indicios de reposicionamiento estratégico. Uno de los movimientos más visibles ha sido el de Sky Bet, que trasladó su sede a Malta. La reubicación, atribuida oficialmente a motivos de “eficiencia y reducción de costos”, se interpreta de forma generalizada como una respuesta directa a las subidas impositivas previstas. Observadores del sector estiman que Sky Bet podría ahorrar hasta 55 millones GBP al año.
Al mismo tiempo, las empresas de juego que cotizan en bolsa vieron caer sus acciones apenas se hicieron públicos los nuevos gravámenes. Para el mediodía del 26 de noviembre, los títulos de grandes grupos como Entain, Evoke Group (propietario de William Hill) y otros registraban descensos de entre el 1 % y el 19 %. Algunas compañías reaccionaron posteriormente con advertencias sobre beneficios o revisiones a la baja de sus previsiones de ingresos a corto plazo.
La asociación sectorial, el Betting and Gaming Council (BGC), reaccionó con rapidez. El organismo calificó las subidas de impuestos como un “golpe contundente” para los operadores regulados y advirtió que una presión fiscal tan elevada podría empujar a jugadores e ingresos hacia mercados no regulados. Además del posible desplazamiento de los consumidores, el BGC señaló riesgos para el empleo, la inversión del sector y la viabilidad a largo plazo de algunos operadores.
El sentimiento entre analistas también se volvió más cauteloso. Varios han subrayado que el efecto combinado de un mayor impuesto, incentivos al jugador más débiles —como bonos y promociones— y una presión de costos creciente podría obligar a operadores pequeños o de tamaño medio a reducir su presencia en el mercado o incluso a plantearse una salida del Reino Unido.
De forma significativa, aunque todavía no se observa un éxodo generalizado, sí hay señales claras de que el reposicionamiento estratégico ya está en marcha. En síntesis, el presupuesto ha activado una primera ola de ajustes estructurales en el iGaming del Reino Unido. No se trata de un colapso, sino de una reconfiguración clara que operadores, inversores y reguladores están siguiendo muy de cerca.
Una Ventana de Ajuste de Dos Años
La estructura de la reforma ha creado un período de adaptación escalonado que se extiende a lo largo de dos ejercicios fiscales. El impuesto del 40 % al casino online entra en vigor en abril de 2026. La tasa más alta del 25 % para las apuestas remotas llegará un año después, en abril de 2027. Entre ambas fechas se abre una ventana natural de ajuste que ofrece a los operadores margen para reevaluar su posición. Decisiones de asignación de capital que podrían haberse postergado ahora se están adelantando. La inversión se revisa por vertical y el nuevo perfil de costos ya empieza a influir en las decisiones sobre desarrollo de producto, escala de marketing y definición de los próximos focos de inversión.
¿Está Cambiando la Estructura del Mercado del Reino Unido?
A primera vista, la reforma puede interpretarse simplemente como una revisión de las tasas impositivas. Sin embargo, en términos de mercado, funciona como algo mucho más profundo. Al separar de forma marcada el tratamiento fiscal del casino y de las apuestas, el Reino Unido ha revalorizado, en la práctica, el costo de participar en sus principales verticales de juego online.
Para los operadores, el impacto de este cambio no se limita a los balances. A medida que aumenta la presión de costos, también se transforman las dinámicas en la relación con los proveedores. Proveedores de plataformas, socios de trading y gestión de riesgo, proveedores de datos y estudios de contenido pasan a tener una incidencia mucho más directa en los márgenes comerciales que en el pasado. Acuerdos operativos que antes funcionaban por escala y volumen ahora se ponen a prueba en un entorno de costos más ajustado.
Esto, a su vez, otorga mayor peso al tipo de alineación con proveedores que los operadores decidan priorizar. Ya no se trata solo de quién puede ofrecer cobertura o contenido, sino de quién es capaz de operar de forma eficiente bajo una carga fiscal más elevada, de adaptar precios y modelos comerciales a medida que sube el impuesto y de respaldar la estrategia de producto cuando el margen de error se reduce.
Es a nivel directivo donde estas implicaciones estratégicas empiezan a tomar forma con mayor claridad. El Reino Unido sigue siendo uno de los mercados de juego regulados más grandes del mundo, con una fuerte credibilidad regulatoria y relevancia a largo plazo. Sin embargo, la reforma parece desplazarlo de un mercado de crecimiento casi automático hacia uno en el que una expansión amplia, agresiva o por defecto ya no resulta lógica para todos. La exposición se revisará casi con total certeza, el capital se asignará con mayor cautela y la elección de proveedores pasa a tener un peso estratégico mucho mayor.
Si está replanteando su posición en el mercado del Reino Unido, contar con una plataforma y con socios de trading y datos alineados con este nuevo escenario ya no es opcional.
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